Creatividad en la mediación.

Sentir, pensar y hacer nos hace humanos, y nos hace mejores humanos darnos cuenta de la construcción de nuestras historias, desestabilizarlas y reconstruirlas cuando esto nos empodera. Aprender a narrar estas nuevas que nos permita volver a sentir, pensar y hacer.

La mediación ayuda precisamente a esto, sirve de herramienta en el camino en donde nuestro ego baja de nivel y nuestra personalidad y autoestima crece, esta vez de una forma sana y energética.

Ser protagonistas de nuestras vidas y no pasto del contexto es ser responsables y libres. ¿Cómo?….. fácil, aprendiendo, como siempre hemos hecho. Aprendiendo a percibir, a reflexionar, a actuar en relación a los conflictos y problemas que se nos presentan.

Sara Cobb lleva esto a un modelo, su modelo circular narrativo basado en la comunicación.

Cobb analiza la causalidad entre pensamientos-palabra-acciones-hábitos-carácter, y cómo desde esta cadena se relacionan emisor y receptor en la comunicación. Es una cadena en donde se establecen pautas repetitivas de interacción entre individuos en la forma de comunicarse, de forma que nunca hay una única causa del conflicto, sino que dicha causalidad es circular. Un pensamiento se transforma es una palabra que nos lleva a una acción, la cual al ser repetida una y otra vez acaba sembrando un hábito en la comunicación con una persona/s acrecentando el conflicto con ella/s.

Y en ese pensamiento que lleva a esa palabra y se acaba traduciendo en una acción intervienen otras circunstancias y otras causalidades que desde la mediación y el coaching serán desveladas para ayudar en la construcción de una solución al conflicto.

La narración es la base del modelo.

Conozcamos nuestra narración primaria, aquella que se inicia, sucede y se construye desde el inconsciente por los patrones adquiridos. Pasemos a otra construcción narrativa que sustituya a la primigenia. Desestabilizar para transformarla en una nueva narrativa que cree la posibilidad de solución al conflicto.

Arrojar conciencia de cuál es ése pensamiento, cómo se ha creado, quién con nuestra interpretación de su comportamiento o qué circunstancias han intervenido en su creación es el punto de partida, para después pasar a qué se dice, cómo se dice y en qué forma es emitido el mensaje y en qué forma es percibido por el receptor, momento en que se crea el conflicto.

Competencias a poner en juego por el mediador, y a desarrollar en el cliente, comprensión y  creatividad.

En la comprensión de la situación particular de cada interviniente en el conflicto, de su forma de pensar y actuar, de sus intereses, de su personalidad, de forma que pueda facilitarse su aprendizaje a través de la liberación, del estímulo, de la motivación a un cambio en la narrativa, en el pensamiento que pueda dar a luz nuevas palabra, acciones, hábitos que le harán forjar un nuevo carácter y con ello una nueva personalidad….. y lo más importante, la comprensión permite liberar el pensamiento transformándolo en otro nuevo pensamiento, y esta liberación da la libertad al cliente de decidir su nuevo pensamiento, y finalmente de construirse así mismo. Dotar de la capacidad de comprender es dotar de libertad a la persona.

Otra competencia necesaria en la solución de cualquier conflicto, la creatividad. Creatividad para construir una nueva narrativa al conflicto acorde a la comprensión del mismo. Creatividad para reescribir la historia desde la comunicación circular de forma que se hagan conscientes esas interacciones e intervenciones en la cadena causal, pasando a ser responsables los intervinientes en el resultado.

El mediador que ayuda en el conflicto es el primero que ha de ser capaz de ver los nuevos parámetros que determinan las conductas de los implicados, tratando de cambiar la historia que cada parte ha elaborado y hacer que las mismas lleguen a un acuerdo.

Un mediador buscará disolver miedos y ansiedades, sembrar esperanza en que la situación irá a mejor. Un mediador será inefectivo al tratar de recurrir a mecanismos de defensa que solo llevará a aumentar el egocentrismo de las partes.

El mediador trabaja con el afecto, con la estimulación de la cognición de las partes, con el fomento de su creatividad y comprensión. Teniendo presente que los conflictos se dan dentro de un sistema. Sus miembros son interdependientes, y en ellos se dan procesos de comunicación en donde hay roles y reglas baja una causalidad circular o pautas de interacción donde hay circuitos de retroalimentación.

En relación a las historias anotar que están formadas por argumentos, en secuencias encadenadas en el tiempo y relacionadas de forma lógica. Una historia puede contener descripciones, interpretaciones de hechos y/o comportamientos, y siempre bajo un contexto.

En una historia hay roles, y esos roles explican comportamientos basados en valores del rol y de la persona. Los valores del rol los da el sistema, los valores de la persona su carácter y personalidad.

Cuando una historia es estable, sólida e inamovible y no reinventable, es una cárcel, es la cárcel del yo, de lo mío, debido a que deja inútil a la persona para llegar a reinventar su historia, para llegar a encontrar una interpretación que permita su propia evolución.

Conflictos a resolver suelen centrarse en ámbitos de  legitimación, poder, autoestima, identidad, expectativas, atributivos de culpas e inhibición.

Cobb pone el ejemplo del puzle para hacernos entender cómo funcionan las historias, “nuestras historias” formadas por narrativas en relación a tres criterios:

  • La coherencia narrativa.

Un puzle es un conjunto de piezas, en el mismo todas las piezas son importantes. A cada pieza se le asigna un lugar (roll). La coherencia entre las piezas del puzle es la coherencia de las relaciones. Cada parte en el conflicto ha elaborado su propio puzle de forma minuciosa para obtener su imagen final.

En esa coherencia hay tramas (secuencias de hechos “encajados” con una lógica causal “lineal”), roles (agresores y victimas), temas y  valores (que son el motivo de conflicto), y una historia de narraciones anteriores que mantienen el conflicto latente sin resolver.

  • El cierre narrativo.

Formado por la plenitud de la narrativa y resonancia cultural.

Una persona cuyo papel ha sido de no protagonista responsabilizará al contexto y a otras de lo que le sucede. Este rol de victima el mediador buscará transformarlo en protagonista, para ello desarmará el puzle (que será más difícil cuantas más piezas existan) y tratará de construir otro con las mismas piezas.

  • La interdepedencia narrativa.

Haber construido y yo víctima supone la construcción de un yo agresor o victimario.

El mediador buscará deslegitimar a ambos, acudiendo a la confrontación.

Vemos entonces que el éxito de la mediación depende, no solo de las partes, sino también de la creatividad del mediador, en su ayuda a la construcción de nuevas narrativas, y del coach, en el empoderamiento del cliente en la construcción de sus propias narrativas.

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